martes, 19 de septiembre de 2017
miércoles, 13 de septiembre de 2017
Por María García Esperón / Publicado en septiembre 13, 2017 / Temas: Reseñas
Por Anabel Sáiz Ripoll
Vertumno,
María García Esperón,
DosOrillas,
Independently published, 2017
Vertumno es una historia deliciosa que nos habla de los principios de Roma, de cuando todo estaba aún por hacer y todo era posible, de cuando los dioses hablaban, sin acritud, con los mortales y de cuando los emperadores aprendieron a respetar otras culturas y otras creencias.
En esta ocasión, es un canto hacia la conciliación, hacia la importancia de la cultura etrusca que tanto caló en la romana. Aquí se nos habla de un dios, de Vertumno, un dios muy especial, que, como ocurre con el relato, podía serlo todo a la vez y como él quisiera. Vertumno, el dios que se enamora de Pomona y que, por amor, es capaz de lo que sea, incluso de quedarse a vivir en Roma.
Por otro lado, el emperador Numa Pompilio, siempre aconsejado por la ninfa Egeria, siempre justo y conciliador. Y, por el otro, un escultor, Mamurio Veturio, a quien se le encarga la estatua del dios, una estatua tan perfecta que cobra vida, que es capaz de decidir, de pensar y de sentir.
Muchos son los prodigios que se narran en Vertumno, aunque quizá lo más importante sea cómo se narran, de forma fluida, con mucho sentido del humor y humanizando a los dioses sin el menor reparo porque, en realidad, el límite que los separa de los humanos es tan débil que, alguna vez, sobre todo al principio, alguien tuvo que cruzarlo.
El relato, escrito en tercera persona, sigue un orden lineal, va desde el principio al fin, aunque no al fin total, porque, justamente, cuando se termina el libro comienzan nuevas historias y sigue el avance romano.
Los diálogos, chispeantes y cercanos; las descripciones luminosas y claras; los personajes bien trazados y las situaciones muy detalladas hacen que Vertumno sea un libro ideal para cualquier lector, pero que los lectores jóvenes, incluso muy jóvenes, sean los que más van a disfrutar esta historia tan plástica y mágica a la vez.
El amor, las creencias, el apego a la tierra, el respeto a otras culturas son, sin duda, ingredientes muy potentes en Vertumno.
domingo, 10 de septiembre de 2017
Por María García Esperón / Publicado en septiembre 10, 2017 / Temas: Reseñas
Anabel Sáiz Ripoll
Un puñado de soles (poesía infantil)
Colección DOSORILLAS
Amazon Publishing
2017
Todos los cuentos del mundo
despiertan por las noches...
(Anabel Sáiz Ripoll)
La delicadeza, respeto y humor con que Anabel Sáiz Ripoll aborda los temas relacionados con la infancia se pone de manifiesto en Un puñado de soles, colección de poemas que nos revela, como su nombre lo indica, la luminosidad solar de la mirada infantil.
El brillo de los ojos de los niños es el espejo del universo recién percibido, recién creado en su pupila. Quizá sea el poema el instrumento que más se acerque a transmitir el misterio de la percepción infantil. Como lo más natural, ahí están, unidos y palpitantes, el misterio del mundo y el misterio del alma. El tiempo se detiene y la Naturaleza pone en operación, para maravillarnos, a sus mágicos seres:
Se acerca la cigarra
y no cesa de repetir
su canto crujiente,
y no me deja dormir.
Las palabras juegan por sí mismas y también revelan a sus criaturas. La sonrisa brota porque estamos captados en la magia de la rima y en el jeugo verbal que la escritora nos propone:
Volvió la luz
y todos se fueron deprisa y corriendo
menos el mochuelo
que como era de día
no sabía adónde ir,
y un pequeño monstruo
que, como no existía,
se quedó siempre allí.
El instante poético que Anabel crea es reflejo de las escenas que a diario se viven con los niños: tan sorprendente como familiar. Es creación continua, animación constante. Dibujar, cantar, hacer una muñeca, cuánta magia en esos momentos que el poema evoca:
De colores te haré una capa,
de azul cielo un pañuelo,
de verde claro una bufanda,
de morado los dos guantes,
de rojo fuego los calcetines,
de blando hermoso los zapatos.
Peinaré tu pelo rubio,
colorearé tus dos mofletes
y ya podrás jugar conmigo.
También vienen los recuerdos de la escritora al conjuro de estos soles. Tan luminosos como los del momento presente que vive con su hija pequeña, pero a veces, un filamento de oscuridad se abre paso, solamente por oscuro, para revelar una luz de signo diferente, como en "La Gancha":
¿Cómo sería esa pobre mujer
que vivía en el fondo de la balsa
siempre tan sola y mojada?
Estaría llena de barro y lodo.
Pronunciaban su nombre,
gancha, y veía su imagen
oscura y sombría,
sus brazos verdes,
sus ojos húmedos y profundos.
A través de la lectura de estos poemas para niños, los adultos podemos recuperar momentos olvidados. Es una oportunidad para vivir de nuevo o para vivir simplemente estados de conciencia, de asombro filosófico y de talante poético que debimos experimentar cuando niños. Leer la poesía infantil de Anabel Sáiz Ripoll es acercarnos al claro manantial de nuestras vivencias de infancia. Y entonces, después de la lectura de estos versos también nosotros tendremos Un puñado de soles en la mirada.
martes, 5 de septiembre de 2017
Por María García Esperón / Publicado en septiembre 05, 2017
DosOrillas es un proyecto literario en constante evolución que pretende unir a las dos orillas del Atlántico en una nueva y esperanzada entonación de la cultura hispanoamericana. Anabel Sáiz Ripoll, desde Tarragona y María García Esperón desde México, han conjuntado una serie de obras que aspiran a promover la unión y el diálogo entre los maestros, estudiantes y promotores de lectura de España y América. DosOrillas se distribuye a través de Amazon tanto en formato impreso físicamente como en formato kindle, por lo que las obras son accesibles para todos.
La colección DosOrillas es el resultado de muchos años de experiencia de las autoras en el ámbito de la literatura infantil y juvenil de Hispanoamérica, tanto en la creación de textos como en el estudio teórico y la animación a la lectura.
Por María García Esperón / Publicado en septiembre 05, 2017 / Temas: Reseñas
Anabel Sáiz Ripoll
Príncipe Silencio (Poesía)
María García Esperón
DosOrillas, 2017
Príncipe Silencio es un poemario que recoge un abanico de poemas nacidos de la emoción, de la contemplación, de ese momento en que el alma se ensimisma y vuelve a la infancia y trota, alegre, al lado de un unicornio y vuela, presurosa, con el hada más pequeña y le arranca, sin problemas, todas las palabras al príncipe más callado de los cuentos. Es en ese momento, cuando el lector se siente arropado por una antmósfera de fantasía, de riqueza expresiva, en que todo y nada, hoy y ayer, silencio y palabra se dan la mano porque, al fin y al cabo, principio y final son lo mismo, solo que desde otro punto de vista.
Los poemas del libro van desde el arte menor al mayor, desde la rima muy marcada a aquella otra leve y etérea, desde un personaje claro hasta la intuición de una presencia que es y no es al mismo tiempo.
Varios son los temas que la autora roza con su varita de ritmos. Así, el sueño es uno de los más importantes. Soñar que soñamos, soñar al otro, soñar el amor, soñar que el sueño el real, soñar, por qué no, despierto. La palabra es asimismo otro motivo de la autora, palabra callada, palabra apenas pronunciada y que ya no nos pertenece, las preguntas, sobre todo aquellas que carecen de respuesta se asoman, sin miedo, entre los versos de este libro. El paso del tiempo y la confluencia de los aspectos temporales, el hoy y el ayer y el mañana, en una especie de eterno retorno es quizá uno de los temas destacados. Los elementos de la naturaleza, las plantas, el mar, la tierra van entrelazándose para dar cuerpo a los poemas y permitir que los sentimientos fluyan. El amor, el desamor, la soledad, la búsqueda del destino y la verdad se columpian del brazo del príncipe silencio y le dan la mano al hada infinito.
Son poemas muy rítmicos, llenos de imágenes visuales, de sinestesias, que nos permiten oler, paladear, sentir, estar, ser protagonistas de muchas de las escenas que la autora nos muestra. A menudo la primera persona se hace dueña y señora de los versos y muestra un poso de ternura lleno de magia, pero también de melancolía, una melancolía de la infancia, del recuerdo, del tiempo que se nos fue, de aquel destino que nos aguardaba y pasó de lejos. Cerca y lejos, sí, como leemos en uno de los poemas, así va galopando el príncipe silencio, entre lo que no pudo ser y lo que acaso sea, pero que aún no es. La paradoja es, sin duda, una de las bazas del poemario.
En definitiva, un poemario para degustar muy despacio, para dejarse envolver sin miedo, para sentirse seducido por el poder de las palabras.
Por María García Esperón / Publicado en septiembre 05, 2017 / Temas: Reseñas
María García Esperón
Cuando yo no era yo
Anabel Sáiz Ripoll
Colección DOSORILLAS
Amazón Publishing, 2017.
Cuando yo no era yo, de Anabel Sáiz Ripoll, es una novela de iniciación que entrega personajes profundamente humanos y situaciones en las que todos nos podemos reconocer.
La protagonista, Teresa, es una vigorosa voz narrativa tanto de su propia historia como de las historias de los demás. Se trata de una adolescente en plena etapa de rebeldía que no deja de examinarse a sí misma y que intenta en todo momento de ser sincera.
Teresa va revelando paulatinamente toda la madeja existencial que está detrás de su rebeldía, una serie de situaciones desencadenadas por la temprana muerte de su padre, y una vehemencia de temperamento que busca desesperadamente un cauce para desarrollarse, para ser en plenitud.
En esta dialéctica del Conócete a ti mismo, que la autora despliega con singular maestría, se incorpora una exquisita crónica de usos y costumbres y paisajes e historia de Tivissa, un pueblo catalán del que acabamos enamorándonos y anhelando conocer, de tal manera Anabel Sáiz Ripoll sabe entregar los tesoros de las pequeñas cosas.
El interés no decae jamás en el transcurso de la novela. Asombra cómo el aparente castigo que impone una madre desesperada a su hija adolescente: un cambio de residencia de Madrid al pueblo de los abuelos, se convierte en toda una épica en la que Teresa descubre por sí misma lo que nadie le había contado de sus orígenes, del por qué de su nombre, de la actitud de su madre y encuentra misteriosamente vivo el recuerdo de su padre, Oriol.
Todo se aquilata y todo significa. Con Teresa miramos viejas fotografías y nos dolemos en alma propia de la cicatriz de la guerra civil, con ella recordamos días de hambre y de oscuridad que vivieron los abuelos, pero también la memoria orgullosa del Temple y del castillo de Miravet, historia con mayúsculas que Teresa descubre por sí misma y que la asoma una vez más al misterio y al infinito de la vida humana.
La adolescencia es ese período de la existencia en que todo es milagroso, en que todo tiembla y duele con la inmisericordia de lo que está intensamente vivo. Anabel Sáiz Ripoll conoce bien los recovecos del alma adolescente y por eso puede construir estas novelas en que el espíritu del protagonista es capaz de desenvolverse, luchar y conquistar un estadio nuevo. La experiencia lectora es muy refrescante, pues después de transitar por esos paisajes de Tivissa, de casi escuchar el catalán que se entrevera en la textura de la novela como una fuente cantarina, también nosotros adquirimos una nueva entonación del alma.
Por María García Esperón / Publicado en septiembre 05, 2017 / Temas: Reseñas
Anabel Sáiz Ripoll
María García Esperón
El escudo de Aquiles,
DosOrillas, 2017
El escudo de Aquiles es una novela épica, enérgica y vibrante que se centra en un objeto, en un símbolo, en una leyenda, en una quimera tan descomunal como es el escudo de Aquiles, del gran héroe, del héroe por antonomasia.
Lo valioso de la novela es su forma de contar una historia que nos puede sonar, porque las alusiones a La Illíada, son constantes, pero su autora, María García Esperón, logra narrarlo como si fuera nuevo, como si estuviera sucediendo aún ante nuestros ojos y es muy acertada esta visión en presente porque, hoy en día, en cualquier lugar, en cualquier rincón, siguen dándose luchas, pulsos de poder, errores de cálculo, injusticias, arrebatos, guerras, amores, cuitas, llantos y heroicidades, porque, mientras el hombre conserve un ápice de su humanidad, no podrá ser ajeno a las grandes historias, a las epopeyas griegas en donde, y los dioses del Olimpo bien lo saben, se contiene toda la peripecia de los pobres mortales.
El escudo de Aquiles tampoco es una novela al uso no solo por la manera de tratar a los personajes, que son héroes y divinos, pero también finitos y prestos a equivocarse, sino por la estructura. La novela se divide en 24 noches y se va desgranando desde el final hasta la noche primera, en donde empezó a fraguarse la leyenda, en donde Tetis, la madre de Aquiles, suplicó armas para su bienamado, y también vulnerable, hijo.
La novela, así, se podría leer de dos maneras, desde atrás o desde el principio y, aunque leeríamos lo mismo, la visión de los hechos cambiaría. Si comenzamos en el capítulo XXIV nos situamos en la actualidad, en un lugar sin nombre, lejos del campo de guerra en Pérgamo, cerca de Alemania, donde un arqueólogo decide enterrar esas armas fabulosas porque considera que así deben pasar su posteridad. A partir de aqui, como en un sueño, hacia atrás, los personajes van deshaciendo el camino y van mostrando qué siempre hay varias maneras de resolver los conflictos, aunque una predomina y triunfa, pero el lector es capaz de ver las dos ya que, como si de un caleidoscopio se tratara.
Los grandes personajes de la Iliada, los viejos amigos de Homero, cobran otra dimensión en el libro, se nos aparecen menos ajenos, porque entendemos sus defectos y observamos sus virtudes gracias a su comportamiento, a su manera de actuar.
Con El escudo de Aquiles no nos podremos sentir indiferentes porque toda la gama de las emociones humanas se nos presentan, además de manera muy abigarrada, tanto que nos dejan sin aliento y comprendemos y también odiamos a Aquiles, a su hijo que qusi vengarlo, a Odiseo, de nuevo por estos lares, a Héctor, a Príamo y todo el dolor que sintió, a sus hijos, a su mujer, a Helena y sus contrariedades, a Eneas, marcado con otro destino...
El escudo de Aquiles es una novela, de acción trepidante, sin duda, pero que también reflexiona acerca de los compartimientos humanos y de las casualidades a las que estos conducen. La guerra de Troya, acaso, fue una casualidad, acaso nunca tuviera que haberse dado y, pese a todo, fue capaz de hacer aflorar lo mejor y lo peor del ser humano. Como todas las guerras, como todas las sinrazones, aunque esta contaba con el apoyo de los dioses.
Por María García Esperón / Publicado en septiembre 05, 2017 / Temas: Reseñas
María García Esperón
Sueños y Despertares (Tras las huellas de Antonio Machado 1875-1917)
Anabel Sáiz Ripoll
Colección DosOrillas
Amazon Publishing
2017
En Sueños y Despertares (Tras las huellas de Antonio Machado 1875-1917), la escritora española Anabel Sáiz Ripoll reconstruye con tanto amor como conocimiento los primeros años de un poeta que tantos llevamos en el el corazón.
Por su sabiduría, por su sencillez, por sus Cantares, don Antonio es tan de nuestras Dos Orillas como el Quijote y el Cid, como el Inca Garcilaso y como Rubén Darío.
Leer esta obra intensa y breve, inclasificable (¿novela?, ¿biografía?, ¿ensayo poético?) y mágica nos pone en la mirada de la poesía y nos traslada de una manera poderosa a Sevilla, a Madrid, a París y a Soria. Tiempo y espacio fundidos en los versos de Machado, cuyos sentidos Anabel sabe transparentar como pocos estudiosos de la obra del poeta.
Pero es que con Machado no se trata solamente de la obra, se trata de la vida. De su vida y de la nuestra, de la vida de España en esos años tan difíciles de principios del siglo veinte, de la vida del español como lengua capaz de alcanzar tales alturas como las logradas en la poesía de Antonio Machado.
La autora destila los versos del poeta con una fineza que conquista la sensibilidad. Su narración reconstruye espacios y voces aromas y sabores. Con la misma elegancia en varios momentos instaura en primera persona la voz de Antonio Machado. Y se nos antoja tan verdadero, tan real, tan él mismo, que le abrimos la puerta de nuestra casa y el resguardo de nuestro pecho para que llore sus profundas penas y con él lloramos por sus muertos: su padre, su buen padre, su hermanita Cipriana, su Leonor, la esposa niña, y el llanto se nos vuelve verso y están las lágrimas tan frescas, el dolor se aviva tanto, que aquilatamos en su dimensión quizá justa el valor de la vida y el poder de la poesía.
La obra se detiene en 1917. Estamos seguros que vendrá una segunda parte, que Anabel Sáiz Ripoll nos conducirá por los años de madurez de Machado y que veremos dibujarse el amor de nuevo y asistiremos al momento en que el poeta escribe las incomparables Canciones a Guiomar. Pero es que Sueños y Despertares debió terminar en 1917, cinco años después de la muerte de Leonor, porque esa ausencia fue muy grande y muy honda y debió colmarse con esos versos cuya infinita belleza solo puede concederla el sentido de la pérdida:
Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...
Vive, esperanza, ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!
Anabel Sáiz Ripoll ha creado en Sueños y Despertares el mejor marco para disfrutar y ahondar en la poesía de Machado, para comprender cómo la literatura se relaciona con la vida y cómo, en el caso de los poetas, es inherente a ella. Y su prosa, la de Anabel, discurre suave y compañera, al lado de los versos y su voz se funde con la de don Antonio en un tributo hermoso, de amor de lector, de ser humano agradecido porque haya poetas que, al elevarnos la lengua a esas alturas, nos elevan el alma.
Como agua clara, como pan muy bueno, Sueños y Despertares es un alimento del espíritu, un texto delicioso, para entender y para sentir. Para conocer y conversar con un ser humano excepcional. Para amar y añorar y valorar lo que vivimos. Para soñar y despertar.
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